LA GRANJERA TERCA DE BOQUETE

LA GRANJERA TERCA DE BOQUETE


La Granjerita – Boquete
Por: Luis Burón-Barahona / La Prensa
Lourdes Guerra supo que tendría un camino difícil aquella tarde que bajó a David, Chiriquí, con un saco de 60 libras de pepino sembrado en el patio de su casa en Boquete, donde llevaba poco tiempo en el tema del campo. Estuvo un largo rato intentando venderlos, hasta que por fin alguien se le acercó y le preguntó por el peso de su saco. 60 libras, dijo ella. Te doy 35 centavos, le ripostó el comprador.
Cuatro años después, Guerra tiene su propia finca en Boquete. Allí desarrolla unos 20 productos y tiene por lo menos 60 clientes. Ya ni siquiera es conocida como Lourdes, sino como La Granjerita, la marca con la que distribuye sus alimentos.
El terreno de La Granjerita está a 10 minutos de la iglesia del pueblo. Allí espera ella vestida como quien se alista para una sesión fotográfica: maquillaje, camisa de rayas blancas y rosadas, jeans, botas y sombrero. Pulcra. Pero así es siempre. Su estilo es vestirse bien para trabajar el campo. Así es el respeto que siente por la tierra que le da de comer a ella y a todos sus clientes.
La granjerita se saca el sombrero y accede a una entrevista para El buen tenedor en un pequeño galpón sin finalizar que huele al cilantro que lavan. Luce incómoda. Dice que no le gustan las cámaras y se describe como tímida. Al terminar se coloca nuevamente el sombrero y se incorpora al empaquetamiento de fresas. Ahora luce radiante. A su lado trabaja una de sus nueve colaboradores, una gnäbe de vestido rojo, abrigo y gorra rosada de los Yankees de Nueva York.
Les pide a sus ayudantes que la excusen por irse a mostrar el resto de su finca. Llovió unas horas antes y el aire huele a rocío. Lo primero que enseña es un experimento: maíz negro y maíz rojo. Dos semillas inusuales que le trajeron de Guna Yala. Ese es otro de sus objetivos, recuperar productos panameños. “Hay muchos productos que se han dejado de utilizar. El campo se está perdiendo y hay que recuperar la seguridad alimentaria de nuestro país”, dice en voz muy baja. Después aparecen las acelgas, remolachas, fresas, rábanos, nabos y kale. También un coliflor cuyo centro es violeta. Explica que le gusta sembrar cosas diferentes, divertidas.
Llueve de nuevo y regresamos al galpón. Allí se despide. Antes de irnos, otra pregunta:
– ¿Por qué decidiste hacer todo esto?
– Porque me dijeron que no podría y yo soy terca, dice, y sonríe con la seguridad que da ser feliz.

la comida y yo, yo y la comida

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